Ya llevamos quietos más de la
cuenta, debo confesar. El furor de estar “recién llegados” ya pasó a la
historia, para dejarle terreno al clásico y necesario “me quiero ir de viaje
ya”. Está bien. Es el proceso normal. Aunque los planes se estiraron un poco,
todo marcha hacia adelante. Será cuestión de esperar. Nadie nunca llegó tarde a
ningún lado, dicen.
El caso es que, ya recontraremil
instalados en el 2do piso de los viejos monoblock, estamos más que
acostumbrados al barrio, y el barrio a nosotros.








